En la provincia de Teruel crecen multitud de plantas endémicas, la mayor parte de ellas catalogadas como raras o muy raras por los pocos ejemplares que quedan de ellas en nuestro entorno. El alejamiento del ser humano de la naturaleza y la falta de conocimientos que tenemos sobre ella ha provocado que gran parte de la flora que tenemos a nuestro alrededor sea una gran desconocida para nosotros, a pesar de que nuestros antepasados conocían y utilizaban estas plantas por sus propiedades curativas y los beneficios que aportaban a la salud.

Las especies endémicas de flora son tan escasas en un territorio que normalmente se ven amenazadas por distintos factores. Eso ha llevado a la administración a la puesta en marcha de programas de protección y de conservación, tanto de las especies vegetales amenazadas como de los hábitats en los que se encuentran. No obstante, antes de que una especie sea catalogada y declarada protegida, se requiere un estudio detallado de esta, una función en la que participan los Agentes de Protección de la Naturaleza (APNs), que asumen el papel de protectores y cuidadores de las especies de flora que se encuentran amenazadas.

Los APNs del Gobierno de Aragón participan en programas de protección y control de la evolución de ciertas plantas, una particular aportación al campo de la botánica que se lleva a cabo sobre el terreno, en el monte, con la colaboración de equipos de técnicos y científicos.

Gracias a este trabajo de observación, los APNs han ayudado al descubrimiento de nuevas especies en la provincia o en su entorno más inmediato. Es el caso de la Allium nigrum, que fue localizada muy cerca de Alcañiz, en el término municipal de Caspe, o el redescubrimiento de la Ferula Loscosii, encontrada en las Saladas de Chiprana, y que había sido identificada en el siglo XIX en Torrecilla de Alcañiz por Francisco Loscos y José Pardo Sastrón, quienes recogieron algunos ejemplares para enviárselos al botánico danés Johan Lange para que la clasificara.

El APN José Antonio Bardají ha participado en distintos programas de protección de la flora en las provincias de Teruel y Zaragoza. Bardají ha tomado parte en el proyecto Resecom (Red de Seguimiento para especies de Flora y Hábitats de Interés Comunitario en Aragón), un proyecto Life+ que ha creado una red de monitorización de plantas y hábitats en la Comunidad Autónoma en la que han participado voluntarios, técnicos del Gobierno de Aragón, del Instituto Pirenaico de Ecología y los APNs. Dentro de esta iniciativa conservacionista, “hemos realizado un seguimiento anual en el Bajo Aragón histórico, sobre todo en las comarcas del Bajo Aragón y Matarraña, de varias plantas endémicas, entre ellas Ferula Loscosii, Limonium stenophyllum, Boleum asperum, Petrocoptis pardoi y Pinguicula deronsis”, explicó el APN. En todas estas especies se siguen unas pautas y directrices de conservación que determina la Unión Europea.

Propiedades curativas

Algunas de estas especies han llamado la atención por sus cualidades curativas. La más destacada y que sigue invenstigándose es la Euphorbia isatidifolia, una planta “perenne y de potente raíz que segrega un látex de color amarillo, una substancia pegajosa que ha llamado la atención en el mundo científico por sus propiedades. “A través del Instituto Pirenaico de Ecología la recolectamos para enviarlas a estudiar a Madrid, donde se están analizando sus propiedades curativas para tratar el melanoma”, explicó el APN. Es una planta que “suele crecer en la depresión del Ebro, pero que en el Bajo Aragón histórico se ha localizado en la zona de Caspe”.

José Antonio Bardají hizo hincapié en la importancia de mantener con nosotros esta flora tan especial. “No nos podemos permitir que se extingan especies vegetales que están pendientes de estudiar, porque pueden representar un repertorio de componentes que nos pueden ayudar a curar enfermedades o que pueden convertirse en la base de una alimentación futura”, afirmó el técnico medioambiental. En este sentido, recordó como “desde la antigüedad hasta nuestros días, las plantas se han utilizado como remedio curativo contra enfermedades”. Se conocen “muchísimas plantas medicinales, pero hay muchas otras que han pasado desapercibidas para la ciencia, que ahora está investigando los componentes químicos de algunas especies de flora que podrían ser importantes remedios para algunas de las enfermedades que no conseguimos curar”, enfatizó.

Otra especie curiosa es la Pinguicola dertonsis, también conocida como violeta de fuente o atrapamoscas. La única población que se conoce de esta planta en Aragón se encuentra en Beceite. Vive en zonas donde rezuma el agua, crece sobre travertinos o roca caliza y “su principal característica es que se trata de una planta carnívora, capaz de hacer la fotosíntesis, pero que complementa su alimentación con los nutrientes que absorbe de los insectos que quedan pegados a sus hojas”, explicó Bardají. Los APNs del Bajo Aragón también hacen un seguimiento anual de ella, porque el número de ejemplares es limitado.

“Por esa capacidad de absorción de los nutrientes de los insectos que se pegan a sus hojas se la considera semicarnívora, y está catalogada en peligro de extinción”, añadió el APN.

Raras y en estudio

Otra planta muy escasa es la Petrocoptis pardoi, que “encontramos en la zona de Monroyo o de Aguaviva, y de la que quedan muy pocos ejemplares”, señaló José Antonio Bardají. Su principal característica es que “prácticamente no tiene suelo en el que crecer, pues suele hacerlo entre rocas, y suele reproducirse muy mal, porque echa las semillas en alguna grieta”. La llaman clavel de roca.

De la Ferula loscosii quedan muy pocos ejemplares en Aragón y se encuentra en peligro de extinción. También se realiza un seguimiento anual y “es relativamente escasa”, como ocurre con la Alium nigrum, cuya única población en Aragón se encuentra en la zona de Caspe. Junto a estas “encontramos otra especie como la Boleum asperum, documentada en las provincias de Teruel y Zaragoza y que también está protegida. “Es una planta de cuatro pétalos amarillos a la que se denomina asperum, porque tiene unos frutos que se trasladan a través del ganado. “Se insertan en la lana de las ovejas, y eso hace que se vaya dispersando”, comentó.

Otra planta rara es la Teucrim campalunatum. “Las mejores poblaciones de Aragón se encuentran en Alcañiz. Es una planta rastrera que pertenece a la misma familia que el romero o el tomillo”. Los APNs han realizado “algunos trabajos de replantación en Alcañiz y también en la zona de Caspe para reforzar las poblaciones de la especie”, algo que se lleva a cabo “solo en algunos casos y siempre bajo criterios técnicos”, apostilló el técnico.

Trabajo de conservación

Los APNs realizan seguimiento de algunas de estas especies. Cuando lo hacen es porque “se encuentran dentro de algún proyecto de protección y conservación cuyo objetivo es ver cómo evoluciona esa planta, dentro de un hábitat concreto. Al estudiarlas intentamos determinar si es necesario tomar medidas de reforzamiento de las poblaciones, como ha ocurrido con la Teucrium campalunatum. Según José Antonio Bardají, las plantas que se encuentran en estudio, en el marco de algún proyecto concreto, “suelen ser muy escasas”. Algunas no están catalogadas, “porque para que lo estén primero hay que conocerlas, se ha de seguir un proceso”. Es lo que ocurre con la Alium nigrum, que al final terminará catalogándose.

El técnico medioambiental aboga por concienciar a la población, por incidir en los colegios e institutos en la importancia de proteger y conservar nuestra flora y fauna. “La biología, la geología y la botánica han quedado un poco relegadas dentro del currículo educativo; no son prioritarias y eso hace que los niños terminen por desconocer la fauna y flora que les rodea”, comentó José Antonio Bardají.

Los APNs acuden periódicamente a dar charlas de educación ambiental a colegios e institutos. “Salimos al campo, plantamos y les enseñamos el entorno, y vemos que a los alumnos y a los profesores les gusta, porque se dan cuenta de que desconocen lo que les rodea”, enfatizó.

Bardají recuerda que la botánica “es algo vivo y todos podemos participar en ella”. En este sentido, destacó como con un simple smartphone se puede acceder a aplicaciones “fáciles de descargar que nos aproximarán a la familia botánica, donde podremos obtener información que nos permitirá conocer mejor el campo que nos rodea. “Una salida al campo puede ser un aliciente para formar o generar vocaciones de futuros botánicos, geólogos o APNs”, enfatizó.

Noticia y Foto: Diario de Teruel