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Salvo honrosas excepciones, el mercado del consumo artístico, el literario, el musical y el cinematográfico, está quieto en la mata esperando mejores tiempos, sin saber muy bien si hoy es buen momento para presentarse en sociedad ante un público ávido por acercarse a la normalidad de principios de 2020 –una eternidad nos separa que aquel inocente mes de febrero, cuando la suspensión del Mobile World de Barcelona nos parecía una tragedia–, o si conviene esperar a que esa normalidad sea de verdad de la buena, desoyendo a los gurús que vaticinan un cambio de paradigma vital como si los dinosaurios fueran a extinguirse de nuevo.

Sea como fuere las novedades llegan con cuentagotas, pero el escritor turolense Víctor Lacambra está en otras. Si quieres caldo, dos tazas. Lacambra acaba de publicar Víctimas del silencio y Versos para una tormenta, dos nuevos poemarios que vuelven a sacar a relucir algunos de sus temores recurrentes. Y no. No van del coronavirus.

“Por los títulos podrían parecer que sí, sobre todo porque estas últimas semanas todos pensamos todo en términos de la pandemia y el confinamiento”, bromea Víctor Lacambra. “Pero no, no tiene nada que ver. Estos versos estaban escritos hace tiempo y no hablan sobre la pandemia”. Víctimas del silencio está editado desde octubre y Versos para una tormenta, cuya portada es obra de otra artista de Albarracín, Mari Carmen Samper, le llegó a su autor el 18 de marzo, recién comenzado el confinamiento.

Los versos irregulares, secos y directos de Lacambra no hablan sobre epidemiología, pero sí sobre otras amenazas que se ciernen sobre el hombre, que acostumbran a estar en el radar semántico del turolense y que se resumen muy fácilmente: el propio hombre. “Escribo sobre la percepción personal que tengo de la situación que vivimos; una situación que incluye crisis sistémica, una crisis migratoria que no se soluciona, cambio climático… Es sorprendente que ahora se haya añadido esto a lo que ya teníamos encima”, explica Lacambra.

Para Lacambra la poesía es un vehículo en mucha más medida que un fin en sí mismo; la entiende necesariamente comprometida y con carga social en su interior para tener valor. “La poesía es social, y yo la concibo adaptada a mi percepción, desde luego”, explica. “No tanto en lo estético, ya que me gusta utilizar un lenguaje bastante sintético, yendo directamente hacia las ideas concretas que me permiten explicar lo que quiero comunicar”.

Es cierto que Lacambra, en un proceso evolutivo en el que se adivina cierta curva, cada vez desnuda sus textos en mayor medida de artificios, figuras y símbolos, en busca de una comunicación más directa, más desprendida de intermediarios. “Cada vez utilizo menos figuras retóricas, la verdad”, reflexiona el poeta. “Me gustan los golpes directos. El lenguaje permite hacer muchas cosas; permite construir figuraciones preciosas, pero gracias a él también puedes golpear donde más duele, o donde más sensible es el lector a lo que quieres contarle”.

Así, la rima de Lacambra es libre y el verso irregular, casi como si de prosas poéticas puestas en fila de a uno se trataran. “Me dejo llevar bastante a la hora de escribir”, admite. “No tengo una disciplina concreta para escribir, sino que observo, anoto ideas y las trabajo, sin tener en cuenta para nada la formalidad de los textos”. Lejos de sus inicios en la poesía, hace como seis años, en los que como buen aprendiz se atenía a las normas, a la rigidez del soneto clásico, a esas que hay que conocer bien para saber romper.

Víctimas del silencio tiene más de reivindicativo, y Versos para una tormenta se permite alguna licencia metafórica. Así, el primero de ellos “habla más directamente de numerosos problemas que percibo y que me interesan; como ya te he dicho antes el cambio climático, la inmigración o los problemas de la gente que está en situación de pobreza”.

Por su parte, Versos para una tormenta establece cierta comparación entre este fenómeno atmosférico y la propia vida de las personas, a efectos de describir la evolución y las curvas que vamos sufriendo a medida de que esta se desarrolla. “Establezco tres momentos de la vida de todos nosotros; la infancia y la juventud antes de la tormenta, la madurez durante la tormenta, y la ancianidad tras ella, y los temas colaterales que van entrando y teniendo importancia para nosotros en cada una de ellas”.

¿Para qué clase de lector escribe Lacambra? Alguno pensará que por ser poeta se está quitando de encima a un porcentaje importante de lectores habituales, que tampoco son tantos entre los seres humanos. Pero no es así necesariamente. “Cualquier lector puede disfrutar de la poesía. La poesía asusta por desconocimiento y mucha gente cree que no le gusta, cuando lo que en realidad ocurre es que no la ha probado. Hay que acercarse a ella porque una palabra, una frase, es capaz de transmitirte muchas cosas de un modo muy intenso”. “Mira el rap”, sentencia Víctor Lacambra. “Hay jóvenes raperos que arrastran muchísima gente, y el rap no es más que poesía”.

Seis libros publicados y otros tres proyectos en marcha

Versos para una tormenta y Víctimas del silencio son el quinto y el sexto libro de Víctor Lacambra. Antes escribió Poemática de los días y las noches, donde recogió poemas escritos a lo largo de 20 años que dormían en libretas y apuntes del autor, con temas e intereses diversos y heterogéneos. Después publicó Herrumbrosos deseos de vivir, recuperando también algunos versos guardados por los cajones con el amor, la muerte, la esperanza, la música o la libertad como algunos de sus temas recurrentes, además de la añoranza y la expectativas ante el futuro. En los últimos años ha publicado Regreso del olvido y Viajes y viajeros por la Sierra de Albarracín, un recorrido por la historia de los viajeros ilustres que han recorrido Albarracín a lo largo de los siglos, cuando su geología, su fauna y sus paisajes eran un tesoro que solo podían alcanzar desde las capitales aquellos que se aventuraban a viajar por territorios indómitos y legendarios.

Entre sus próximos proyectos se encuentra precisamente una especie de extensión de esa obra, que abarca las peripecias de viajeros y viajeras que pasaron por la provincia de Teruel, y no solo por la comarca de Albarracín. El tema ya lo tocó María Luisa Sánchez en la revista Turia, hace años, aunque las nuevas biblioteca digitales han permitido a Lacambra hacer un trabajo mucho más exhaustivo en la búsqueda de nuevas referencias.

Además Víctor Lacambra está trabajando en una novela, Tiempos de dolor, en las que tres vidas se entrelazan con sus miserias y sus virtudes, y un nuevo poemario, que llevará por título Poesía eléctrica.

Noticia y Foto: Diario de Teruel