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Existían fundadas hipótesis sobre el origen islámico de la muralla de Albarracín, pero ahora los arqueólogos han encontrado la evidencia que permite afirmarlo. El último torreón excavado en el marco de los trabajos de restauración que se llevan a cabo desde hace años en el recinto fortificado sitúa el arranque de la obra en el siglo XI, cuando la ciudad era un pequeño reino de taifa musulmán al frente del cual estaba Hudayl ibn Razin.

La utilización de argamasa de arcilla para unir los sillares y el modo de colocar estos últimos, habitual en la arquitectura musulmana, ratifican que la muralla medieval de Albarracín hunde sus cimientos en la época islámica. Después, sería ampliada en dos fases, durante los siglos XIII y XIV, ya bajo el predominio de una sociedad cristiana, como lo demuestra la aparición en distintos tramos de la fortificación del mortero de cal como material de construcción.

Así lo explica el gerente de la Fundación Santa María de Albarracín -la institución al cargo de los trabajos de restauración de la muralla-, Antonio Jiménez, quien subraya la importancia del torreón desenterrado para la reconstrucción de la fortificación y también para recomponer la historia de la ciudad. «La fortaleza islámica es la que no se ve, pero que existe y que ahora, con los últimos hallazgos, ha quedado bien patente», subraya Jiménez.

Curiosamente, según señala el gerente de la Fundación Santa María de Albarracín, la zona del nuevo torreón reúne los restos más significativos de la excavación de la muralla. Su aparición, no obstante, ha tenido como contrapartida una ralentización del avance de las obras de restauración de esta fortaleza, pues ha sido «costoso» realizar la interpretación de todos los vestigios encontrados.

El tramo de muralla recuperado, en el que se integra el torreón aparecido en las últimas semanas, bordea una zona muy escarpada de Albarracín, que se corresponde con uno de los meandros que dibuja el río Guadalaviar a su paso por la ciudad. Estaba prácticamente oculto, pero la excavación ha sacado a la luz muros de época musulmana de casi un metro y medio de grosor.

Pese a la complejidad y el elevado coste económico que supone recuperar un tramo de muralla levantado entre riscos -principalmente por la gran altura que deben alcanzar los andamios-, la Fundación Santa María está decidida a llevar a cabo esta labor. «Queremos sanear todo el extremo de la muralla y su paisaje», afirma Jiménez.

Además, el objetivo final es que este lugar sea visitable a corto o medio plazo. Quizá no resulte factible el acceso directo al torreón islámico por su complicado enclavamiento, pero sí se baraja acondicionar algún tipo de mirador que facilite su visión.

Entre los escombros del bastión ha aparecido cerámica de las épocas musulmana y romana. De entre las piezas halladas, algunas corresponden a una especie de bandeja y en otra se puede reconocer una cabeza de caballo.

Noticia: Heraldo de Aragón